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domingo, 12 de abril de 2009

Las enseñanzas druídicas.

En dos cosas eran muy distinguidos los druidas: su amor a la naturaleza, y su amor al aprendizaje, el cual se basaba en la observación de los ciclos naturales. No había enseñanza alguna que no se validara de una observación de la naturaleza. Los druidas eran famosos a lo largo de toda Europa por la excelencia de sus escuelas, también llamados Cors, de sus bibliotecas, y de su forma de enseñanza. Entre sus principales centros de estudio se encontraban: la escuela de los eduos en Francia, Tara en Irlanda, Paplam en España, Anglesey en Gales, Oxford en Inglaterra e Iona en Escocia.

La siguiente cita de Cesar, nos da una perspectiva clara (hecha por el enemigo numero uno de los celtas) de la calidad de lo Cors:

"Los druidas están en completa posición del motor de la educación. A ninguna persona se le permite tener un cargo público si no se había educado en sus establecimientos. La clase alta siempre esta deseosa de mandar a sus hijos a los Cors, y mas aun de que fueran admitidos en la Orden. Tales colegios tienen el carácter de monasterios. Los jóvenes, a quienes los druidas educan, son llevados a Nementones (lugares alejados y sagrados). Se requiere que aprendan un sin numero de axiomas y poemas (casi 20,000). Los jóvenes salidos de estos colegios son muy respetados, y sabios".
Cesar en la guerra contra las Galias.



Uno puede darse cuenta de la naturaleza de los Cors por medio de este escrito hecho POR LA FASE OPOSITORIA DE LOS CELTAS.

Los druidas mantenían la creencia que solo, y tan solo a cierta edad los niños podían empezar sus estudios, si los empezaban después ya era muy difícil su aprendizaje, y si lo hacían antes, se atrofiaban. El sistema de enseñanza druídica infantil se basaba en darle la misma importancia a lo visto y a lo no visto. El principal Cor "INTERNACIONAL DE LOS DRUIDAS", se encontraba en Anglesey, también llamado Mona, que significa "isla de la enseñanza". Y el Cor para las druidesas se encontraba en Avalon.

Los intercambios de estudiantes entre los Celtas y los griegos eran muy frecuentes, al grado de llegar a una similitud impresionante en sus enseñanzas (principalmente las esperanzas de las filosofías griega-órfica, celta-druida).

Una interesante ilustración se puede sacar de aquí, en relación a las bibliotecas célticas fundadas por los grandes sacerdocios druídicos. Además de los muchos libros en Latín, Griego, y en ocasiones lenguas como la egipcia y la sumeria, existían libros especialmente druídicos, utilizando lo que ellos denominaban LETRAS DEL ARBOL OGHAM, o el Alfabeto OGHAMICO. En estos libros cada letra estaba representada por una hoja de un árbol en especial, luego, eran atadas junto con otras en una larga cuerda para formar palabras y oraciones. Los versos druídicos sagrados, prohibidos de ser escritos con mano humana eran registrados de esta forma, ya que así no eran escritas por el hombre, si no por la naturaleza. Tal vez, por esta razón nos referimos a las páginas de los libros como "hojas". Este alfabeto también se basaba en una escritura a base de "palos" o líneas.


jueves, 19 de marzo de 2009

Vesta.

La pura e inmaculada Vesta, también conocida como Hestia en Grecia, era la diosa del fuego y la chimenea familiar. Gradualmente se fue convirtiendo en la diosa protectora de Roma cuya llama representaba el bienestar del estado es decir la res publica. Siendo una de las diosas más antiguas, ya que era hija de Rhea y Cronos, era considerada protectora de la humanidad.

Si bien en Grecia no se le dio tanta importancia fue en Italia donde existía un culto tan fuerte que un séquito de sacerdotisas sagradas le fue otorgado para ocuparse de su veneración y cuidado.

Para comenzar a comprender la importancia de Vesta primero debemos entender cuan importante era la chimenea familiar para los romanos. En esta parte de la casa no sólo se cocinaban los alimentos sino que también era el altar familiar donde la cabeza familia ofrecía sus oraciones y sacrificios.
Vesta era representada antropomórficamente en la forma de una mujer de gran belleza que sostenía un cuenco votivo en una mano y una antorcha en la otra. Fue cortejada por Apolo y Neptuno pero prefirio permanecer pura y virgen. Esto era representado por el fuego sagrado -que los Romanos consideraban como el emblema al fuego de la vida que ardía en el pecho de los seres humanos gracias a Vesta-.

Pero es relativo hablar de la figura de Vesta ya que no se ha encontrado una efigie representativa en su templo y la referencia mayormente utilizada de la imagen de dicha diosa proviene del grabado de una moneda. La cual se supone que es Vesta debido a que aparece junto a su templo.

Su festival era la Vestalia, y éste era uno de los eventos con más pompa y de mayor popularidad entre la población Romana. Señal inequívoca del cariño y adoración hacia esta diosa.




viernes, 2 de enero de 2009

Los celtíberos según Estrabón...


(Referido a pelendones, resquicios de la primera oleada celta):


“el tipo auténtico del guerrero: resistente, pugnaz, superior al hambre y la fatiga, amantes de su libertad, insensibles al calor o al frío. En ciertas épocas del año se alimentan de bellotas, secándola y moliéndola. Fabrican bebida de cebada y, mientras beben, bailan al son de la gaita y la flauta. Todos visten de negro, con ásperas capas de lana. Trenzan en sus piernas bandas de pelo y se cubren con cascos broncíneos. Usan espadas de doble filo y puñales de una cuarta para el combate. Son ganaderos y pastores y, pese a su fiereza, se muestran hospitalarios con los extranjeros, así como inmisericordes con los criminales y parricidas”.

domingo, 28 de diciembre de 2008

la historia de Arawn y el rey Pwyll.



ARAWN fue el soberano del mundo galés de Anwynn, un paraíso de paz y abundancia.
El rey del reino de los muertos.
Es el abismo, el reino de la muerte, el capitán del perro blanco con orejas rojas. Una figura vestida de gris, que era distinto ARAWN.
Arawn, el Rey de Anwynn, poseia a los "perros del infierno", cuya misión era escoltar a las almas al otro mundo. Al igual que otras criaturas mágicas, que eran de color blanco con rojo para simbolizar sus orejas por su pertenencia a otro mundo.

Mabinogi se denominaba cada una de las leyendas galesas que todo bardo debía aprender. Una de estas reliquias de la memoria mitológica era la historia del rey Pwyll.
Una parte de ella:
Cabalgaba por un bosque cerrado y oscuro, a la caza del ciervo, un caballero llamado Pwyll, señor de las tierras de Dyfed. Habiáse quedado sólo, y hasta la vista de sus propios perros había perdido entre tanta espesura. Por eso se extrañó y su caballó se removió inquieto cuando vió aparecer entre los árboles un ciervo a la carrera, perseguido de cerca por una manada pequeña de perros que no eran los suyos, ladrando y aullando enloquecidos. Su primer impulso fue seguirlos, pero enseguida se dió cuenta de que los perros no eran normales: tenían las orejas completamente rojas, como brasas brillantes que refulgían en medio del pelaje blanco. Todo buen galés sabe que eso es mala señal, pelirrojos son los hombres y las mujeres tocados por las hadas, y lo mejor es alejarse de ellos. Así lo hizo el cazador, pero ya era demasiado tarde. Había traspasado los límites del Reino de las Hadas, llamado Annwn, la Tierra de los Muertos.
Entre las brumas que de repente parecían trepar por los troncos apareció un hombre montado a caballo, al paso. Por los belfos, el animal humeaba aliento caliente. Bajo un yelmo de brillante plata, el extraño habló:

-Esperaba más de vos, Pwyll. Confiaba en contar con vuestros brazos en esta cacería...
-Siento haberos defraudado, señor, pero pensé que era ajeno...
-Pues hicistéis mal al no seguir vuestro primer impulso: la pieza se ha perdido.
-Lo siento de veras, señor, y si en mí está el arreglarlo, os ofrezco cuanto soy y tengo en reparación de tal afrenta, mi señor. Más decidme, ¿cuál es vuestra gracia?
-Mi nombre es Arawn, rey de Annwn, y no esperaba menos de vos. El Hado ha querido reunirnos aquí y ahora y vuestro compromiso es bienvenido y aceptado.
-Sea, mi señor Arawn. Decídme que queréis de mí.
-Puesto que aceptáis antes de escuchar, sabed que vuestra lanza deberá erguirse en vuestro brazo al término de un año. Sois el elegido para batiros en duelo contra mi enemigo, el caballero Havgan, que se ha apropiado de buena parte de mis tierras.
-De nobles es ofrecer antes de pedir, mi señor. Nunca rechacé un lance, y no lo haré al término de un año, que sea aquí donde nos reunamos.
-Sea pues este el lugar, el bosque de Glyn Cuch, pero escuchad, durante este tiempo vos seréis Arawn y yo seré vos, vos gobernaréis mis tierras y mis gentes en Annwn y yo lo haré bajo vuestra misma apariencia en vuestro reino, Dyfed. Nadie sospechará nada, pues la figura de Arawn será la vuestra, y la de Pwyll será la mía. Ese es el trato. Ahora, cabalguemos hacia nuestros nuevos destinos, y volveremos a vernos cumplido un año.
Volvió grupas el rey de Annwn, pero apenas había recorrido unos metros cuando volvió, gritando:
-Un momento, Pwyll, debéis saber que mi enemigo Havgan, goza de mágicas protecciones. Cuando os enfrentéis a él, dadle sólo un golpe, y no le déis el de gracia, pues si lo hicieráis reviviría con igual fuerza.
Corcoveaba nervioso el caballo mientras el Rey de las Hadas hablaba, y al fin arrancó al galope, perdiéndose entre los árboles, camino de Dyfed. Pwyll apenas salía de su asombro, pero la palabra estaba dada. Parecía que su montura conociera el camino, pues en breve lo llevó hacia un castillo, que supuso era el que iba a tener que gobernar durante un año bajo la apariencia física de Arawn.
Mas no había supuesto Pwyll que los problemas vendrían después de tratar con guerreros, terratenientes y ciudadanos. Esa parte fue fácil, la justicia fluía de sus manos pues tenía la verdad asentada en su mente. Lo dificil vino cuando se retiró a sus habitaciones al término del primer día.
Allí lo esperaba la mujer de Arawn, pensando que era él, y deseando, supuso, el mismo trato de todas las noches. La mujer era bella, como sólo pueden serlo las hijas de las hadas. El compromiso era gobernar un territorio, mas no mancillar sus posesiones, pensaba en su interior Pwyll, por eso se mantuvo firme, se volvió contra la pared de piedra, en silencio, sin contestar a las preguntas ni a los ruegos de la desconcertada esposa. Toda la noche la pasó así, y tras la primera noche, las siguientes, hasta cumplir el año acordado.
Entonces fué Pwyll en la figura de Arawn con sus pertrechos de combate al vado del río en medio del bosque de Glyn Cuch, y allí estaba esperando Havgan, su enemigo, impresionante con su armadura negra y su lanza inmensa. Y no se lo pensaron dos veces, que tal como se vieron se calaron los yelmos, empuñaron las picas y lanzaron a galope las monturas envueltas en bardas volando al viento. El choque fue brutal. Havgan dejó caer su lanza, estaba malherido y a duras penas se mantenía en la silla:
-Por compasión, termina lo que empezaste, remátame y vuelve vencedor- gritó el guerrero. Pero Pwyll recordó lo que le dijó Arawn y no quiso embestir de nuevo, aunque estaba preparado:
-Sé con seguridad que me habría de arrepentir si tratara de terminar contigo con otro mandoble; no habra más te digo.
Con un torva mirada, comprendiendo que su final estaba cerca, Havgan el usurpador llamó a sus criados y éstos se lo llevaron de allí. Pwyll, todavía bajo la apariencia y pertrechado con las armaduras de Arawn, recorrió todas las tierras, castillos y señoríos, y los recuperó para Annwn. Sólo entonces volvió al bosque. Ya lo esperaba allí el verdadero Arawn, sonriendo.
-Sabía que confiaba en un buen hombre y un gran guerrero. Recupera tu físico, pues has cumplido de sobras con tu palabra, vuelve a Dyfed y ve lo que allí he hecho en este año.
Volvió Pwyll a la carrera, y convocó a sus caballeros. Y les pidió que con sinceridad respondieran sobre cómo había gobernado él mismo durante un año. Y todos a una respondieron que nunca hubo mayor justicia, ni más dones de su mano, ni mejor suerte para tierras, animales y gentes. Y Pwyll agradeció en su interior a Arawn los favores recibidos.
Por su parte, Arawn regresó a su reino y lo encontró como esperaba, pero cuando se reunió con su esposa esa noche, y la abrazó, y la besó, y la cubrió de caricias como antaño, no recibió ni palabras ni caricias ni besos de ella. Y cuando le preguntó por qué era así con él, ella le respondió que no hacía más que comportarse como él había hecho durante un año. Y entonces Arawn comprendió, y le contó la verdad a su esposa, y ésta se alegró, y folgaron, y fueron felices, y ella le dijo:
-Prueba mayor de amistad no existe en el mundo. Agradece a los dioses haber topado entre los mortales con un verdadero amigo, y no lo pierdas; ni a él, ni tampoco a mí, si osárais enfrentarme de nuevo a la duda.
Ambos reyes y sus descendientes mantuvieron la amistad desde entonces, y se intercambiaron regalos: caballos de guerra, perros de caza, armaduras y cadenas. Y el rey Arawn dió a su amigo el nombre de Señor de Anwn para siempre.

© 2002 Lorena Sertorio

viernes, 19 de diciembre de 2008

Los celtíberos según Diodoro de Sicilia...


Los celtiberos cortan las cabezas de sus enemigos muertos en el combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos.

Diodoro de Sicilia 5, 9, 5

Los celtíberos, sus vecinos en otros tiempos (…) este pueblo suministra a la guerra no solo una excelente caballería, sino una infantería que sobresale por su poder y resistencia: Usan ásperos sayos negros, cuya lana recuerda la piel de las cabras.

Diodoro 5,33

“Los celtiberos son crueles en sus costumbres hacia los malhechores y enemigos pero honorables y humanos con los extranjeros. Aquellos que llegan ante ellos los invitan a detenerse en sus casas y disputan así por la hospitalidad.

Diodoro de Sicilia 5, 34

“En cuanto a las armas algunos celtiberos usan escudos ligeros como los galos y otros circulares (...) Sus espadas tienen doble filo y están fabricadas con excelente hierro, también tienen puñales de un palmo de longitud. Siguen una practica especial de fabricación de sus armas pues entierran laminas de hierro y las dejan así, hasta que con el curso del tiempo el oxido se ha comido las partes más débiles quedando solo las más resistentes (...). El arma fabricada de esta forma descrita corta todo lo que pueda encontrar en su camino, pues no hay escudo, casco o hueso que pueda resistir el golpe dada la extraordinaria calidad del hierro (..)

Diodoro de Sicilia 5, 33

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Estrabón sobre los celtíberos...2º cita.


“Se cuenta, por ejemplo, que en las guerras de los cántabros, las madres mataron a sus hijos antes de permitir que cayesen en manos de sus enemigos. Un muchacho cuyos padres y hermanos habían sido hechos prisioneros y estaba atado, mató a todos por orden de su padre con un hierro del que se había apoderado. Una mujer mató a sus compañeras de prisión. Un prisionero, que estaba entre los guardianes embriagados, precipitóse en la hoguera. Todos estos rasgos se cuentan también de los pueblos celtas, tracios y escitas; como es cosa común entre ellos, la valentía, no sólo en los hombres, sino también en las mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente de un arroyo, envolviéndole luego…Tales rasgos denotan cierto salvajismo en sus costumbres; mas otros, sin ser propiamente civilizados, no son, sien embargo, salvajes. Así, entre los cántabros es el hombre quien dota a la mujer, y son las mujeres las que heredan y se preocupan de casar a sus hermanos; esto constituye una especie de ginecocracia, régimen que no es ciertamente civilizado…”


Estrabón, 3, 4, 17-18